Calendario del embarazo

El olfato

Cuando coges por primera vez en tus brazos al recién nacido, él ya te reconoce por tu olor. Como ya conoce el olor de la madre aunque sea en la oscuridad, te busca para satisfacer su apetito y eso estimula la producción y subida de la leche.

Después del duro momento del parto, tu olor familiar le tranquiliza y relaja, pues asocia tu aroma con la protección y seguridad de tus brazos. El olor le produce sensaciones de su entorno más cercano que le producen tranquilidad. También el olfato le ayuda en su vida social pues el olor de recién nacido hace que no te separes de él y altera tus emociones. El olor del bebé también gusta a otras personas que quieren cogerlo en brazos y hacerle caricias. Con el olor el bebé logra todo lo que necesita, atención, cariño y mimos.

El olfato igual que el gusto son sentidos químicos que comienzan con una respuesta nerviosa a determinadas moléculas que están presentes en el ambiente. Los llamados sentidos primitivos son el olfato y el gusto, llamados así por que los organismos unicelulares pueden encontrar sustancias químicas que son necesarias para vivir a través del olor. Por eso el recién nacido ya tiene olfato para el alimento.

El olfato ayuda al recién nacido a reconocer a las personas que le rodean, cuando lo cogen en brazos y apoyan s cara en su pecho. Los olores que más le gustan al bebé además del pecho, es el cuello de su madre donde coloca su cara cuando le pone en vertical para sacar los gases. Es importante que le cojan en sus brazos tanto el padre como los hermanos, si los hubiera, los primeros días de vida ya que así ira reconociéndoles desde el principio.

Al recién nacido le gustan los olores dulces y disfruta de ellos, respirando profundamente ante el olor de la leche y de otras sustancias dulces. Sin embargo los olores fuertes y desagradables no le gustan. Los científicos creen en la posibilidad de que esto sea un reflejo de las náuseas matutinas de los primeros meses de embarazo.

Aunque el olfato sea un sentido primitivo, los bebés tienen un olfato muy sofisticado y en el segundo mes de vida, ya distinguen diferentes tipos de olores y con diferente intensidad. Según algunos estudios, cuando el olor le es agradable reacciona chapándose los dedos, relajando la cara y cuando les desagrada llora, patalea o arruga la carita.

A pesar de que el bebé distingue los olores diferentes, su respuesta a ellos parece que es más un reflejo que una acción consciente.

Cuando el bebé va creciendo, las reacciones a los olores ya va siendo más conscientes. Hacia los tres años el niño ya ha aprendido a decir que olores le huelen bien o mal por experiencia y lo expresa a su manera. Alrededor de los seis años lo expresa ya más claramente dando sus opiniones.

El feto empieza a absorber los olores en el líquido amniótico, sobre la semana 24 de gestación así se empieza a desarrollar el sentido del olfato. Antes de nacer el bebé ya reconoce el olor de su madre, después del parto lo utiliza para reconocerla.

El bebé necesita estar con su madre, pero el olor le ayuda a iniciar un poco de independencia. El bienestar que encontraba en tu aroma empieza a encontrarlo en el suyo propio y en otras cosas que habrá impregnado con él, como su juguete preferido o su mantita.

Su juguete preferido o su mantita, que llevan su olor y su saliva, le relajan y le tranquiliza, y así va aprendiendo a pasar algunos ratos solo, sustituyendo la necesidad de estar constantemente con su madre. Cuando sea algo más mayor intentara descubrir cosas por su cuenta e ira con su juguete o mantita preferida en sus manos pero siempre con la supervisión de mama.

El olor tiene un poder especial que afecta a la memoria, incluso a los adultos. Quien no recuerda olores de la niñez, que cuando los evocas te llevan a recordar buenos momentos.

Los bebés seguramente ya antes del nacimiento a través del olfato establecen conexiones y empiezan a tener opiniones de él mismo y de las cosas que necesita para sentirse seguro. El olor dulce que desprende un recién nacido nunca se olvida.