En los primeros días del bebé, sólo hay dos cosas importantes para él, tú y la leche. Él lo que observa atentamente es una forma grande, que se mueve, curva y borrosa, que se acerca a él y eres tú mamá, y cuanto más te vea más deseara estar contigo. Mientras tú observas cada detalle de su carita y su cuerpo y tienes el mismo deseo que él estar juntos.
Tras el nacimiento enseguida el bebé establece contacto visual con su mamá. Al principio el contacto visual es breve porque al bebé le cuesta estar alerta y puede que bizquee debido a que pone muchas ganas de mirar tu cara.
Ver las caras le gusta mucho al bebé a pesar de su limitada percepción: los ojos brillantes y la boca oscura hacen un contraste, el cabello enmarca la cara lo que estimula la visión periférica del bebé. La cara de su mamá tiene todos los rasgos visuales que le gusta mirar al bebé y además emite sonidos y se mueve. El bebé ve los bordes de las cosas pero la parte central o los detalles los ve borrosos. Cuando tú miras al bebé él mantiene la mirada fija en ti y esas miradas marcan desde principio un vínculo emocional entre vosotros.
Aunque el sentido de la visión en el bebé recién nacido es borroso, es suficiente para su necesidad de ver a la persona que le alimenta y que es muy importante para él. Puede concentrar la visión en objetos o personas colocados entre 20-30 cm. de sus ojos la distancia que se encuentra la cara de su mama cuando lo alimenta y los contraste de blanco y negro.
Los bebés para su aprendizaje nacen programados para prestar atención a las personas que las cuidan de las que ira aprendiendo. La evolución ha dotado a los recién nacidos con una visión adecuada para ellos, cercana y personal y de esa manera con la visión borrosa de larga distancia tiene una especie de protección contra la ansiedad, pero es capaz de identificar muy pronto los rasgos de la cara de las personas, evitando con esa visión borrosa que se sienta estresado por cosas que no puede comprender. Siempre alrededor del bebé hay mucha luz y sonido para empezar a conocer a su familia y al mundo que le rodea.
Los estudios concuerdan en que los bebés además de distinguir las caras de las personas que le cuidan y mostrar preferencias entre ellas, parecen reconocer el parecido de las caras de los otros con la suya propia. El bebé nunca ha visto su cara por lo que parece bastante asombroso el fenómeno de igual que yo. Los estudios además apuntan que aprendemos acerca de nuestras propias mentes observando a otras personas y comparándolos con nosotros mismos. La imitación se convierte en una herramienta muy importante para el aprendizaje del bebé.